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Sunday, February 26, 2012

Segunda visita a La Pescaderia de Barranco

A pedido de nuestros lectores que nos habían dicho que el servicio era mejor que el que nos causo nuestra primera impresión (ver entradas anteriores), decidimos darles una segunda oportunidad y regresamos a almorzar un domingo.

La verdad es que fue una decepción más grande que la primera. Estaba prácticamente vacío (quizás por ser época de playa), pero la poca gente que había estaba muy mal vestida, en sayonaras, shorts y polos. La Caipiriña (un buen barómetro para saber si el barman sabe lo que hace) fue cualquier cosa, menos una Caipiriña. Lo peor fue el servicio. Traían los platos en total desorden, se olvidaban de los pedidos, y había que rogar varias veces para que se acuerden lo que habíamos pedido.

Lo sentimos, pero nuestra opinión sigue firme: no lo recomendamos a no ser que el Chef Schiaffino haga un esfuerzo serio dándose una vuelta por ahí y ponga un poco de orden. Que pena porque parece que han hecho un buen esfuerzo con el local.

P.D. No tienen servilletas de tela a pesar de pedirlas….

Tuesday, December 13, 2011

La Pescadería (Barranco)

Almorzamos este domingo en el recientemente inaugurado Restaurante La Pescadería de Pedro Miguel Schiaffino (Avenida Miguel Grau 689, Barranco) y fue una nueva decepción por algo que venimos comentando con insistencia: servir buena comida no basta para pretender tener un buen restaurante. Al respecto, una pequeña digresión: el término “Restaurante” es de origen francés y deriva del concepto de “Restaurar,” referido a los lugares de descanso en donde el viajero encontraba no solo alojamiento sino atenciones de todo tipo, incluidas las gastronomicas. El Restaurante por lo tanto deber restaurar no solo el estomago, sino también la mente y el alma. Es decir, la experiencia tiene que ser no solo culinaria, sino además visual, táctil, y agradable desde todo punto de vista. No fue el caso con La Pescadería.

El local está bien decorado y de acuerdo al tema: parece ser un mercado en donde se vende pescado, con mesas y sillas blancas y techos muy altos en una típica casa Barranquina muy bien remodelada. Hacer reservas fue fácil y el recibimiento fue bueno, pero hasta ahí llego el servicio. Nos acompañaron a la mesa a nuestra insistencia, y a partir de ese momento nos abandonaron. Tuve que pararme varias veces para pedir sucesivamente el menú, los cocteles, y la carta de postres. El detalle rescatable fue el “Chilcanito” como cortesía de la casa que sirven a todos. El Maracuya Sour además también muy bueno. Pero las servilletas eran de papel minúsculo, y cuando pedimos de tela nos dijeron que no había.

La comida estuvo aceptable, aunque el Mahi Mahi era evidentemente congelado (en general, es una pena que sea tan difícil comer buen pescado fresco en Lima, ¿donde están la Corvina y el Lenguado de antes?). El ambiente es bueno pero informal, e incluso un poco burdo. En resumen, que pena que el buen esfuerzo de un buen Chef como Schiaffino deje tanto que desear a la hora de tratar de abrir un restaurante. No pensamos regresar a no ser que nos digan que ha cambiado sustancialmente.

Salvador e Illuminata